La verdad, la leyenda del elefante

Esta es una leyenda originaria de la India sobre el significado de la Verdad que planeta una pregunta que muchos filósofos han intentado responder de diferentes formas a lo largo de la historia: ¿Qué es la verdad?


Cuenta la leyenda, que hace mucho mucho tiempo, en una región de la India llamada Bophal, gobernaba el gran Rajá Amannipan. Era muy sabio y respetado por todos. Había logrado grandes cosas para sus súbditos: Todos tenían tierras, no pasaban hambre y el orden y la justicia guiaban la vida diaria de todos.

Amannipan también dedicaba buena parte de su tiempo a estudiar y a educar a hijo Ramani, quien había heredado grandes cualidades de su padre: era curioso y perspicaz, dudaba de todo lo que le rodeaba y siempre quería saber más y más. A su padre le encantaba enseñarle cosas y contestar a todas sus preguntas.

Un día de verano, mientras padre e hijo paseaban por los jardines de palacio, Ramani preguntó: ‘¿qué es la verdad papá?’. Ammanipan permaneció largo rato en silencio sin contestar. Pasado unos minutos, le dijo a su hijo que esperara unos días y le contestaría a la pregunta.

Así pues, pasaron unos días y el padre de Ramani le llevó a una zona cercana al palacio. Allí había un enorme elefante y 4 personas que, según observó, eran ciegas. Nunca jamás habían podido ver a un elefante, ni se habían acercado a uno. El rajá invitó a los 4 ciegos a acercarse al elefante de uno en uno para tocarlo por primera vez en sus vidas.

El primero era un joven de pequeña estatura que, tanteando con su vara de bambú, llegó hasta situarse bajo la tripa del elefante y tocó una de las patas del animal, que se encontraba de pie. Tras unos minutos se dio por satisfecho y dejó paso al siguiente.

El Segundo era un joven alto y delgado que pudo palpar el lomo, la espina dorsal y la enorme cabeza del elefante.

Tras él, el tercero se acercó. Era un anciano de pelo largo, el cual se acercó a la parte trasera del elefante y pudo tocarla así como la larga cola acabada en una escobilla de pelos. El anciano se quedó convencido de que ya sabía todo lo que necesitaba y, tras hacer una reverencia, se alejó del animal.

Por último, una hermosa mujer se acercó con cautela a la cabeza del elefante y palpó con detenimiento la trompa y los peligrosos colmillos. Tras unos minutos, se retiró con una sonrisa de seguridad.

Ramani no entendía como aquello podía ayudar a solucionar su duda acerca de la verdad. Entonces, Ammanipan le pidió a cada uno de ellos que explicara cómo era un elefante.

El pequeño ciego afirmó que el elefante era como una gruesa y sólida columna recubierta de piel y acabada en duras uñas.

El alto replicó diciendo que no, que el elefante era un animal muy ancho y largo, lleno de pelo e imposible de abarcar aunque al final tenía una gran cabeza.

Ante estas afirmaciones, el anciano se burló argumentando que el elefante era un ser vasto y esférico, compuesto por 2 mitades y con una nariz fina acabada en pelos que, seguramente, le ayudaban a olfatear.

Por último, la mujer dijo que se equivocaban los 3 ya que el elefante era un animal similar a la serpiente, largo, delgado, con 2 orificios a modo de nariz y unos grandes cuernos que, sin duda, le ayudaban a cazar presas.

Así los 4 ciegos estuvieron hablando y discutiendo hasta que la noche llegó sin que se hubieran puesto de acuerdo sobre la verdadera naturaleza del elefante.

Ramani, algo exasperado, dijo a su padre que lo único que había podido sacar en claro era que ninguno de los ciegos sabía en realidad lo que era un elefante, que ninguno había alcanzado a saber la verdad.

Sin embargo su padre le respondió : ‘Tienes razón, ninguno sabe la verdad y, sin embargo, los 4 la conocen pues ¿acaso el elefante no tiene patas como columnas, un cuerpo inabarcable, una larga cola peluda y una trompa y unos colmillos? ¿cuál de los ciegos ha dado con la verdad? Ninguno y todos, y por eso seguirán y seguirán discutiendo hasta que nos envuelvan las estrellas’.

Por lo tanto… ¿quién puede estar seguro que posee o conoce realmente la verdad de algo? Debemos vivir con humildad, sin pretender saberlo todo y permitiendo conocer los distintos puntos de vista porque esto nos hará grandes y nos ayudará a tener una visión más cercana de la realidad. 

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