Hola Juan, 

¡Cómo te hemos echado de menos! Ya han pasado tres meses. Ya hemos dejado atrás los hospitales, los médicos, los tratamientos… Y este mes, por primera vez con la vuelta de la rutina, del día a día, he sentido que el final podría haber sido que te hubieras curado y que estuvieras ahora aquí, con nosotros. Pero ese no fue el final, porque no es una película de Disney, sino simplemente la realidad, la vida. 

Poco a poco hemos vuelto a la más absoluta y conocida rutina: yo he vuelto al trabajo, los peques al cole, a los deberes, a los exámenes.. y en esa rutina es en la que te hemos echado mucho de menos y donde hemos notado más tu ausencia, en el día a día. 

Poquito a poquito vamos creando recuerdos nuevos en los que cada uno de nosotros tenemos un papel similar pero un poco distinto. A veces ese distinto duele, porque anhelamos que tú nos dirijas, que nos digas como hacer las cosas, que nos hagas una broma, que nos pongas límites… y otras veces ese distinto nos gusta. Nunca sabemos a priori como se va a dar el día o si nos vamos a sentir cómodos. Pero vamos probando y si es necesario, doy un paso atrás y replegamos.

Nunca me había dado cuenta, ni había sentido la nostalgia como este año. Y por primera vez he sentido y he comprendido el peso del mes de noviembre. Un mes, en el que los primeros días están dedicados al afecto, al recuerdo y al honor a las personas que ya no estáis, y ese sentimiento de nostalgia es el que ha bañado todo el mes de noviembre. No me digas porqué… pero así ha sido.

Como ya viste, el día 16 batimos un record, el de poner la calefacción. Pero eso no es lo más anecdótico (y eso que lo habíamos alcanzado en 2013) lo remarcables es que como íbamos contando los días que quedaban para batir nuestro propio récord,  cuando lo alcanzamos los niños estaban tan emocionados e involucrados que se negaron a ponerla y lo han ido alargarlo todo lo posible. Su teoría era, si hemos llegado hasta hoy, podemos esperar un día más. Y al final han hecho un bloque de «resistencia» y aquí nos has tenido entre velas y mantas aguantando el mes de noviembre sin calefacción para alargarlo todo lo posible (definitivamente son mucho peores que sus padres jajajaja)

Los peques siguen con sus partidos los sábados y están imparables. Están haciendo muchísimo deporte, lo cual les viene fenomenal. Por un lado, en baloncesto están arransando los dos equipos y las chicas de Voley también lo están haciendo fenomenal. Así que ¡no puedo estar más orgullosa de todos ellos! 

Y si una cosa tiene de super especial noviembre, es que es el cumple de los más chiquitines de la casa, los trillis, que este año ya han cumplido ya 11 añazos. Once años ya desde que nacieron estas personas maravillosas, que Juan pasó de ser hijo único a ser el hermano mayor, y que tú y yo nos convirtiéramos en papis de una familia super numerosa.

Once años increíbles donde los seis fuimos una piña. Donde todos fuimos creciendo y aprendiendo los unos de los otros, y donde cada vez que uno lo necesitaba… ahí estábamos los otros cinco para sujetarle, apoyarle y cuidarle.. 

Este cumple ha sido el primero en le que estábamos los cinco, pero tú estuviste en cada instante del día: en el desayuno lleno de galletas, en los regalos, en las llamadas, en los mensajes, en cada sorpresa y…. En la ¡¡mítica tarta de chocolate!! Qué orgullo y qué regalo de familia.  No puedo estar más orgullosa de todos y cada uno de ellos, y por supuesto de tí y de haber podido pasar tantos años juntos.  

Y  para terminar, te dejo, la letra de una de tus canciones favoritas, que tantas veces ponías,  que para mi sorpresa, el otro día puso Juan cuando estando en el coche haciendo ronda de canciones, y que este mes ha sido mi canción:

Hello darkness, my old friend

I’ve come to talk with you again

Because a vision softly creeping

Left its seeds while I was sleeping

And the vision that was planted in my brain

Still remains

Within the sound of silence

In restless dreams I walked alone

Narrow streets of cobblestone

‘Neath the halo of a street lamp

I turned my collar to the cold and damp

When my eyes were stabbed by the flash of a neon light

That split the night

And touched the sound of silence

And in the naked light I saw

Ten thousand people, maybe more

People talking without speaking

People hearing without listening

People writing songs that voices never share

No one dared

Disturb the sound of silence

«Fools» said I, «You do not know

Silence like a cancer grows

Hear my words that I might teach you

Take my arms that I might reach you»

But my words like silent raindrops fell

And echoed in the wells of silence

And the people bowed and prayed

To the neon god they made

And the sign flashed out its warning

In the words that it was forming

And the sign said, «The words of the prophets

Are written on the subway walls

And tenement halls

And whispered in the sounds of silence»