Hola Juan,

Podría contarte alguna de todas las anécdotas que nos han pasado pero he preferido contarte algo que para mi ha sido mucho más importante.

Acaba de terminar julio y he aprovechado este mes para desconectar y dedicarme a algo que tenía pendiente: reflexionar sobre mi nueva vida, mi nuevo plan, mis nuevas rutinas, el nuevo curso, pero sobre todo, sobre la dirección que quiero que tome ahora esta nueva etapa de la vida: en mi situación actual, con mis recursos, con mi edad y con cuatro niños.

A lo largo de los seis primeros meses intenté que hubiera una nueva rutina, con mucho de antes y mucho de ahora, a la vez que me esforzaba por entender y estar al día en todas las gestiones que iban apareciendo (registro civill, liquidación de impuestos con hacienda, ayuntamiento…).

Entonces llegó lo que cariñosamente bauticé como “mi crisis personal” que me hizo parar y ser consciente de que necesitaba tiempo. Tiempo para tomar conciencia de la situación, una situación en la que no acababa de entender lo que no encajaba, pero que no conseguía que fluyera y en la que más que nunca sentí que me faltabas.

Entonces, de repente me di cuenta de que no podía fluir nunca porque no estabas tú. Tenía que hacer las cosas de forma distinta a como lo estaba haciendo porque no era sostenible, no me daba tiempo y además me estaba suponiendo un freno para lo más importante: para cambiar, para tomar decisiones y adaptarme a mi nueva vida de forma saludable. Empecé a analizar lo que estaba pasando, a ser más consciente de mi situación actual, a aceptar ciertos miedos que no era ni siquiera consciente que tenía pero que me acompañaban, a confiar en mí, a tomar decisiones, a planificar el día a día de forma más saludable.

Y una vez entendido el presente, llegó julio y me quedaba mirar al futuro. Ya llevaba un largo camino recorrido y había llegado el momento de desconectar de todo y dar el tiempo y el espacio que necesitaba para planificar lo que tenía por delante, tomar decisiones, escuchar a los niños, comunicarnos, entenderlos y que me entendiesen.

Atrás dejaba el tiempo de intentar llegar a todo, intentar contestar todos los mensajes, todas las llamadas… Esa primera etapa de retomar las viejas rutinas, las que antes me daban tranquilidad pero que ahora simplemente eran inviables porque la situación había cambiado, yo había cambiado… todo había cambiado. Estaba en una nueva etapa. Y aproveché el tiempo que los niños estaban de campamentos para desconectar, poner distancia de lo que era mi vida y dedicar tiempo para encontrar y diseñar lo que quería que fueran las lineas principales que fueran a marcar el camino de esta nueva etapa para los niños y para mí. Y esto ha hecho que me sienta bien, lo necesitaba.

Cuando nos casamos lo hice con ilusión, y con el único hecho seguro en ese momento que era que estábamos el uno con el otro, sin ninguna certeza de lo que íbamos a vivir ¡y fijaté! Ahora lo hago con la misma ilusión, y con el único hecho seguro en el momento actual que es que estamos los niños y yo, sin ninguna certeza de lo vamos a vivir. Pero esta reflexión me ha hecho entender que no me tiene que dar miedo ni me tiene que incomodar la incertidumbre. Iré caminando con la fe, la esperanza y la ilusión de que todo va a salir bien, como siempre ha salido.

Y eso es todo. Quizás sea una de las cartas más cortas, pero puedo asegurarte una de las más importantes, porque por fin siento que voy hacia adelante.

Te quiero

Tatiana